Los ocres son tierras naturales de diferentes tonalidades amarillas y de buena estabilidad. Son conocidas por otros términos como su voz griega ochra, o el desaparecido silático. Aunque se reconoce su origen natural, en época de Vitruvio ya se inventó uno artificial por parte de los tintoreros.
Gracias a su buena estabilidad frente a todos los agentes, los ocres están presentes en el óleo, temple y fresco con buenos resultados.
Los fabricantes de colores del Barroco aprendieron a hacer sus propias versiones de los pigmentos naturales. En el caso de los colores con base de hierro, el metal marcial de los alquimistas, dio origen a los pigmentos de Marte: óxidos sintéticos de hierro obtenidos a partir de la actuación de una solución de carbonato sódico o potásico sobre una mezcla de sulfato de hierro y alumbre, que iban del amarillo hasta el marrón.
Esta oxidación del hierro en contacto con el aire ya era conocida y practicada por los alquimistas árabes medievales llamando al producto obtenido de color ocre crocus martis, una traducción literal del “amarillo Marte”