En general, los pigmentos térreos se explotan a cielo abierto o en plan de minería. Después de extraídos se limpian por lavado o decantación para eliminar los cuerpos extraños y separar los componentes ligeros de grano fino de los pesados más bastos. A continuación se preparan por cochura para conseguir el tono de color deseado.
Vitruvio recoge la receta para la elaboración de un ocre ático artificial. Empleado para tintar, está compuesta básicamente por violetas hervidas y tierras.
Los Tintoreros, cuando quieren imitan el ocre Áttico, ponen a hervir en agua violas secas, y en tomando punto, lo cuelan todo por lienzo, que exprimiéndole con las manos, da el agua colorada en un mortero: meten en esta agua tierra Erétrica, y machacando después, sacan un color que imita al ocre Áttico.
Sobre la forma de moler el ocre, Teófilo indica que “L’ocre se moud avec de l’eau, mais il n’est utile qu’à ceux qui peignent les murs, et dans le travail des lettres dorées.”
En la obra de Pacheco, los ocres confeccionan las sombras de las carnes, en el campo de la pintura al temple. El autor ofrece la receta para templar ocre, y otros colores, además de advertir el modo más idóneo de conservación.
Templar con güevo entero, clara y yema, con media escudilla ordinaria de agua y echar dentro una hoja de higuera y, con un palo, batirlo de suerte, que levante cantidad de espuma, y con esta templa se pueden mesclar y desatar todos los colores que ya han de estar molidos con agua. Ahórrase con esta templa la importunidad de calentar los colores el día que se pinta con cola, y es pesada y estorbosa en tiempo de invierto; pero el güevo es también usado de muchos (como vimos en Plinio y el Vasari).
Ahora restar advertir, que en los colores templados, que otro día han de servir, será bien echar fuera la templa del güevo y, en lugar de ella, agua clara, porque, vaciándola, otro día se pueda templar, aunque algo más flaca, con el güevo, quede ordinario se fortalece y corrompe pasando algún tiempo.
Pacheco comenta en su tratado cómo purificar los colores empleados también en la técnica del temple, pero centrándose en aquellos que participan en la iluminación. Una cierta clase de colores se muelen con goma mientras que otros se lavan sin molerse. El ocre, junto con otros pigmentos, se deben moler con goma para emplearlos en la iluminación.
Los que se muelen en la losa con la goma fuerte para limpiarlos, son: el azul, de cabeza, y , segundo, el bermellón y verde terra..., también los ocres se pueden moler con goma fuerte para guardarlos algún tiempo, humedeciéndolos con agua al tiempo de gastarlos; ...
Pacheco ofrece una alternativa para aquellos que prefieran purificar y moler los colores sin el aglutinante (la goma). Para ello, los ocres y otros pigmentos molidos con agua se embeben en algodón quedando en éste las impurezas y restando en el tarro un pigmento fino y suave.
Otros no quieren purificar los colores ni molerlos con goma porque se suponen que han de ser los más finos y puros que se hallaren los de la iluminación, y así, los muelen en la losa muy limpiamente con agua clara y los van acomodando en sus salseretas, o conchas, pero, al cogerlos los embeben cada uno de por sí en un algodón y lo exprimen en la salsereta y queda en el algodón lo grueso y lo mal molido.
Concha en la que depositaban los pigmentos
En la pintura al óleo, el autor señala que “El carmín no ve l’agua ni el ocre ni la ancorca ni el cardenillo ni el espalto ni otros semejantes.”
Palomino señala el modo de moler y labrar los colores en la pintura al óleo. Descartando el aceite de nueces y piñones para blancos y azules, el resto de pigmentos, como los ocres, se labran con aceite de linaza.
Los azules, y blancos, necesitan de labrarse con aceite de nueces, para mantenerse; y en los otros colores, es más robusto el de linaza.
Todos estos colores se muelen en la losa, desgranzándolos primero, con la moleta, hasta hacerlos polvo, y echándolos el aceite de linaza, que hayan menester, que ni estén duros, ni blandos, se van moliendo a porciones, recogiendo la color de rato en rato con el cuchillo y lo que se reboza a la moleta, para que todo quede igualmente bien molido; porque si no lo está, ni la color empasta bien, ni cunde, ni da su legítimo color..., y también se muele con aceite de nueces, para azules y blancos.
Además, los ocres no necesitan secante adicional como puede ser el cardenillo o el esmalte remolido con aceite de nueces, para acelerar su tiempo de secado.
...hay algunas colores, que no necesitan de secante: como son el albayalde, génuli, el azarcón, ...y el cardenillo..., También los ocres, tierra roja, y sombra (no estando recién molidos) no necesitan de secante. A todas las demás colores es menester ayudarlas, para que se sequen con brevedad; y para esto ayudan también mucho el tiempo, si es verano, y el sol, si es invierno, poniendo las pinturas, donde le puedan gozar; ...
En la obra de Palomino, encontramos que “El albayalde, ocre, tierra roja, y sombra, se conservan en sus escudillas dentro del agua”. Además, el autor revela el modo de conservarlos y los recipientes necesarios.
El modo de conservar estos colores, ya molidos a el óleo,, es de dos maneras; porque unos se conservan en el agua, y otros sin ella. Los que se conservan metiendo las escudillas, donde está, en una cazuela, o albornia de agua son: el albayalde, los ocres, tierra roja, y sombra; todos los demás aborrecen con el agua, porque en ella se les sale el aceite y se endurecen; ...